Rebélate

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Por sistema evito escribir, o hablar, de política. No porque no tenga ideas, o incluso compromisos, no porque pueda tener reservas o vinculaciones a grupos determinados (que no tengo), sino porque hay tanto ruido político, que entiendo que poder aportar algo nuevo y original es realmente complicado.

Y lo sigo pensando, sin embargo entiendo que en determinados momentos no es tan importante lo que dices, como el testimonio de decir. Y creo que ahora es uno de estos momentos.

Es cierto que también hay otra razón para evitarlo, aunque funcione al nivel inconsciente: el miedo a la represalia. Esto lo he sentido en muchos de mis interlocutores cuando les pregunto: ¿y porque no haces algo?, y debería aceptar públicamente, que también existe dentro de mí. No sé qué tipo de represalias pueden existir, ni siquiera cuando lo hablo con mis amigos, este aspecto queda claro, pero todos sentimos e intuimos, que cuando hablamos de política estamos haciendo juicios, de forma directa o indirecta, al gran poder.

Y esto siempre impresiona. De alguna forma todos tenemos miedo de volar muy cerca del sol, no vaya a ser que se nos funda la cera que une nuestras alas. Preferimos volar bajo y si es posible, pasar desapercibidos.

De aquí la necesidad de darla, de expresarla, de compartirla. No porque estemos seguros de que vamos a decir algo nuevo y original, sino porque al hacerlo reafirmamos nuestra existencia, y en consecuencia nuestra razón de ser.

Y lo más importante, al expresar nuestras opiniones no solo nos estamos reafirmando, no solo estamos demostrándonos que existimos, sino que además nos rebelamos.

Nos rebelamos ante una estructura, o sistema, que nos prefiere sentir callados, bajo el pretexto de que ya se nos da el derecho a hablar cada cuatro años, es decir; cuando votamos. El resto del tiempo nos toca callar, obedecer, esperar pasivamente hasta las próximas elecciones.

A esto hemos reducido nuestra libertad, o si lo prefieres, nuestra humanidad: a sentirnos dueños de nuestros destinos cada cuatro años.

¿Qué es lo que está pasando?, algunos portavoces afirman en diferentes medios que estamos pasivos sencillamente porque estamos aborregados, no niego que algo de razón pueden tener, pero no creo que esta sea la razón fundamental para nuestra pasividad.borrego-1

Otros que sencillamente estamos esperando a que en un momento determinado pueda saltar la chispa, como ha pasado en los recientes sucesos de Burgos. Tampoco niego que puedan tener algo de razón, o quizás mucha, pero dudo que esta sea la principal razón.

Sinceramente creo que estamos pasivos, porque estamos sorprendidos. Y lo estamos tanto que nuestra sorpresa nos deja paralizados.

Bien, nunca, ni nadie ha creído que vivamos en un paraíso y en un mar de coherencia y justicia. Tan tontos no somos, ni hemos sido. Pero jamás podríamos, ni en nuestros peores sueños, llegar a imaginar que nos íbamos a ver integrados en un sistema tan incoherente, depredador y deshonesto.

Hasta tal extremo hemos llegado con nuestra sorpresa, que nos estamos conformando no conque no se consigan alcanzar todos los objetivos previstos, o que no se alcancen en su totalidad, SINO QUE NOS ESTAMOS CONFORMANDO CON  QUE LOS DATOS NO SEAN TAN MALOS COMO LOS ANTERIORES.

Es decir la cuestión hoy, los que nos deja tranquilos, no es que estemos saliendo, sino que no seguimos cayendo. Alucino, de veras, alucino, hasta qué punto hemos dejado que nos laven el cerebro.

Probablemente de haberlo previsto, no hubiéramos llegado hasta aquí.

La semana pasada, en el estudio de la EPA, se nos dice que el paro ha bajado en 198.900 trabajadores, pero que la razón de esta caída NO HA SIDO EL QUE SE HAYAN CREADO MAS PUESTOS DE TRABAJO, sino que la gente se ha ido a trabajar fuera de España. En paralelo este estudio nos confirma que el paro juvenil, es decir: el futuro, es del 55%.

Sin embargo la respuesta de nuestros gobernantes es que estaban satisfechos, felices incluso, contentos de que este dato no haya sido peor.

¿Qué pensaran los casi seis millones de personas en el paro?, ¿no es una total falta de respeto, estas estrambóticas opiniones, no solo ya a la verdad, sino al sufrimiento de estas personas?, ¿cómo podemos sentirnos tranquilos, esperanzados, cuando vemos estos malabarismos con las cifras para justificar su incapacidad de sacarnos de una situación que afirman recibieron en herencia, pero que ellos has estropeado más?

Mientras el partido de la oposición, en lugar de asumir sus responsabilidades, no solo reconociendo, cómo algunos están haciendo, con timidez sus errores, sino asumiendo las consecuencias de los mismos de forma pública, lo que conllevaría un cambio radical en su estructura, y un cambio profundo en sus planteamientos, sigue enfocándose en lo que el Gobierno hace mal, sin dar ninguna pista a lo que ellos harían bien.

Nadie en España, nadie está creando ilusión, fe en el futuro, nadie está formando una visión de un país potente y fuerte, NADIE ESTA TENIENDO LA CAPACIDAD DE ILUSIONARNOS, DE PROYECTARNOS, DE HACERNOS VER QUE EL ESFUERZO MERECE LA PENA, PORQUE EL HORIZONTE NOS HACE VIBRAR.

Nadie está haciendo que asumamos la sagrada responsabilidad de ser parte del proceso de cambio y mejora.

Claro, lo sé, en esta situación… ¿Quién se va a ilusionar?, pero es que ese es el papel del líder, la respuesta es la que justifica el liderazgo. Un líder nos hace ser capaces de construir un futuro, pese al presente, un liderazgo fuerte nos hace sentir nuestra humanidad, y en consecuencia tomar conciencia de nuestras fortalezas y de que si las desarrollamos, juntos seremos capaces de construir un futuro de todos, un futuro que nos ilusione, que nos haga sentir que nuestras vidas tienen sentido.

Pero esto lo hace un líder, no una burocracia que se limita (quizás sean sus intereses los que crean este límite…muy probablemente) a decirnos que nuestras derechos se reafirman cada cuatro años.

Debemos rebelarnos, debemos asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos, debemos empezar a tomar conciencia de que nuestra pasividad, es la mejor forma de negarnos a nosotros mismos hasta el derecho a opinar. Debemos despertar, salir de nuestro letargo, y especialmente tomar conciencia de que lo que estamos viviendo solo lo cambiaremos nosotros, no los que de alguna forma viven gracias a esta situación.

Y me refiero a todos los colores. Me cansa hasta la saciedad escuchar a los llamados grupos de izquierda (¿Por qué han dejado de llamarse comunistas…es que han dejado de serlo, o el apellido tiene fuertes connotaciones?) cada vez que se habla de empresarios, confundir a un Juan Roig, o incluso a un Amancio Ortega, auténticos creadores de riqueza, con los que la crean a partir de la especulación y el juego de las altas finanzas.

Me cansa hasta la saciedad ver como se mezclan a los empresarios que desde el cero más absoluto han sido capaces de crear imperios industriales (no, no creo que sean angelitos…pero sí creo que su creación al menos les da el derecho de que no se les ponga en el mismo saco), con los especuladores inmobiliarios, constructores cuya principal mérito es haber estado en el sitio oportuno. Es decir; cuando se liberaliza el suelo y se pone esta decisión como la clave para el desarrollo económico de nuestro país, anulando la otra realidad: esta decisión solo fomentó la especulación y el dinero fácil, no nuevas industrias, no nuevas capacidades competitivas, no una visión del futuro que fuese más allá de nuestra segunda casa en la playa.

Me cansa observar con autentico escandalo como un “presunto” defraudador nos recrea con una forma de vivir centrada en coches de lujo, casas suntuosas (pagadas al contado riguroso) y cacerías inmorales, cuando la entidad financiera que el presidia ha tenido que ser salvada con nuestro dinero, y además siendo bandera de un gigantesco fraude a cientos de miles de ciudadanos con las famosas preferentes.

Ni un mínimo de respeto, ni siquiera tienen la dignidad de dar una explicación, o al menos de ocultar como viven, con los ahorros de cientos de miles de españoles. Son auténticamente obscenos.

Y encima el juez que tuvo el valor de enfrentarse (¿al poder?) es castigado. No sé, lo desconozco, las razones que puedan existir para este castigo, pero si afirmo que al menos por respeto a los ciudadanos, si este estuviese justificado (que curioso que siendo, aparentemente tan incompetente, sea ahora cuando hacen tanto esfuerzo para apartarle) al menos debería llevarse el tema con menos descaro, no haciendo tan evidente que es castigado por su enfrentamiento al poder.

¿Qué sentirán cuando por las mañanas se miren al espejo?…pero ¿se miran? Espejito,-espejito-mágico..

Me cansa, y ya la sorpresa me supera, como podemos observar de forma pasiva la feliz noticia (seguro que lo es para la protagonista) de que una Infanta de España no va a ser juzgada (probablemente) por fraude fiscal, porque este no supera los 120.000 euros, ES DECIR: SOLO HA DEFRAUDADO UN POCO.

En fin, me cansan muchas cosas, pero lo que más es que estas sigan siendo solo noticias, de que sigamos con nuestras vidas, de que tengamos miedo a hablar porque de alguna forma podemos ser castigados, confirmando con esto el sentimiento de que en el fondo hemos creado una sociedad en la que existe un gran hermano que nos vigila y que cuando nos salimos de la foto, nos castiga.

¿Seré castigado por mi cansancio?, este ya es en sí un castigo…que no llevo con paciencia.

Gracias por leerme.